En la cultura china (antigua y actual) conviven los calendarios solares y lunares. De estas combinaciones, surgidas de la más profunda contemplación, nace un exacto calendario agrario que (junto al civil) rige la vida cotidiana, un calendario de tipo lunisolar.
El calendario lunar chino apareció más de 2500 años antes que el occidental. De acuerdo a éste (que también tiene en cuenta la relación de la tierra con el sol) se determinan 24 períodos solares conocidos como Jie Qi.
Cada uno de estos períodos corresponde a una posición determinada del sol marcado por un movimiento de 15° en la eclíptica y dura 15 días. Éstos se establecieron en la dinastía Han con el objetivo de orientar las actividades agrícolas. 
El primer Jie Qi se lo conoce como “el comienzo de la primavera”,  tiene lugar aproximadamente 45 días antes del equinoccio y da comienzo al año nuevo chino. Desde entonces cada 15 días nos encontraremos con un nuevo período cuyo nombre indica algún cambio o movimiento de la naturaleza que ocurre en ese tiempo: agua de lluvia, el despertar de los insectos, gran calor, etc.
De acuerdo a la Medicina China, si logramos percibir los pequeños cambios que se van dando en el entorno en estos períodos, entonces podremos realizar también los ajustes necesarios (homeostáticos) para fluir con el movimiento natural y, de este modo, preservar la salud.
Por esto, los 24 Jie Qi son una invitación a conectar con el movimiento del universo, a volver a sentirnos parte de él y comenzar a guiarnos más por sus cambios y no únicamente por fechas determinadas arbitrariamente.
En el año 2016 se registraron los 24 términos solares como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Leonardo Fernández
ECOMEC